Nuestra ciudad mía
No lo sé, pero creo que en ninguna otra ciudad del mundo se palpan, como en ésta, las almas de las gentes que la habitan por las fachadas de las casas, por la decoración de las paredes, por la disposición de las ventanas y puertas, y por el aspecto , en fin, que no sólo es físico, de los barrios. Por eso parece natural la desorientación arquitectónica, por que es una desorientación espiritual.
SALVADOR NOVO.

